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Blog · 9 de octubre de 2026

Cobras una nómina y no sabes por dónde empezar con tu dinero

Cobras cada mes, sobra algo y se queda quieto en la cuenta porque no sabes qué hacer con él. El orden que sigo yo: colchón, deudas caras, jubilación y, al final, invertir.

Cobras el día 1 (o el 28, que hay empresas que son un amor), pagas lo de siempre y a fin de mes queda algo. Poquito, pero algo. Y ese algo se va quedando en la cuenta nómina mes tras mes, mientras en tu cabeza suena la misma musiquita: «tendría que hacer algo con esto».

Te suena, verdad? Es de esas cosas que se aplazan sin fin, y en parte porque la pregunta que todo el mundo se hace, la de «dónde invierto», va la cuarta en la cola. Delante hay tres, y van en este orden.

Primero, el colchón

Con una nómina juegas con ventaja sobre un autónomo: sabes cuánto entra y qué día. Así que tu colchón puede ser cortito, tres o cuatro meses de tu gasto normal. Y el gasto normal se saca fácil: abres la app del banco, sumas lo que salió de la cuenta los últimos tres meses y lo divides entre tres. Te apuesto algo a que sale un pelín por encima de lo que tenías en la cabeza.

Ese dinero va aparte y sin invertir, en una cuenta remunerada, de las que hoy pagan algo de interés y te dejan sacarlo mañana sin papeleo ni penalización. Está ahí para que una avería, un mes torcido o un despido no te obliguen a vender en mal momento o a tirar de tarjeta.

Segundo, lo que te está costando dinero

Si tienes deudas caras (la tarjeta a plazos, un préstamo de consumo, esos «paga en tres meses sin darte cuenta» que se van sumando), quitártelas de encima rinde exactamente lo que te cobran de interés, y eso sin ningún riesgo. Una tarjeta revolving te puede estar cobrando un 20% al año, y no hay inversión decente que te garantice algo parecido. Así que, si la tienes, esa va primero.

La hipoteca es otra película, con sus números y su conversación aparte. Lo del consumo, fuera ya.

Tercero, la jubilación, que también es cosa tuya

Como asalariado cotizas por lo que cobras, y eso te deja una pensión que no está nada mal. Aun así, el día que te jubilas la pensión suele quedarse por debajo del último sueldo, y si cobras bien, bastante por debajo, porque la pensión pública tiene un máximo y, por mucho que cobres, de ahí no pasa. Ese hueco lo tapas tú.

Hay dos herramientas con ventaja fiscal que merece la pena conocer antes de nada. El plan de pensiones individual, que te deja desgravar hasta 1.500 euros al año. Y el plan de empleo, si tu empresa tiene uno, que admite bastante más. Si encima la empresa pone dinero por cada euro que pones tú, ese dinero es tuyo solo si lo pides, así que pregunta en recursos humanos. Hay empresas que lo tienen y no lo cuentan ni en la cena de Navidad.

Y ahora sí, invertir

Con el colchón hecho, sin deudas caras y la jubilación pensada, lo que sobra cada mes ya puede irse a trabajar a largo plazo. Y aquí lo que funciona es bastante aburrido, ya lo siento: una aportación automática cada mes, a un tipo de producto barato y bien repartido, y no mirarlo cada mañana con el café.

Qué fondo comprar no te lo voy a decir, que ni puedo ni debo (y si alguien te lo dice muy rápido, pregúntale cuánto cobra por decírtelo). Lo que sí hago es ayudarte a entender qué tipo de producto encaja con lo que buscas, cuánto te cuesta de verdad cada opción, porque las comisiones se van comiendo la rentabilidad año tras año sin avisar, y cómo elegir tú con criterio.


Si al leer esto te ha salido un «ya, pero en mi caso…», es de lo más normal, que casi siempre hay algo: dos sueldos en casa, una hipoteca a medias, un bebé en camino. El orden de arriba aguanta igual, solo que con tus números. Y si de momento solo llegas al colchón, perfecto: ya tienes algo que hacer este mes con la app del banco abierta.

Quieres aplicarlo a tu situación?

Me cuentas qué te pasa y vemos si te puedo ayudar. Si no, te lo digo.

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