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Blog · 9 de octubre de 2026

Por qué el datáfono te pregunta si quieres pagar en euros

Elegir euros en el datáfono de fuera parece lo sensato y esconde un recargo por el cambio de moneda. Qué pasa al pulsar ese botón, cuánto cuesta en un viaje y la única regla que sigo yo.

Ponte en mi piel, que el tema viene directo de un restaurante de Rumanía, en pleno viaje de verano.

Momento de pagar, saco la tarjeta, la chica me presenta el datáfono y el maldito bendito cacharro me suelta la pregunta: quiere pagar en lei o en euros? Espera, es casi lo mismo, no? Pues no. Ahí vive una de las comisiones más gordas y mejor disfrazadas que existen.

Qué pasa cuando eliges euros

Elegir euros parece lo sensato, verdad? Por lo pronto ves un número que entiendes bien, sabes perfectamente lo que «te van a cobrar», no tienes que ir multiplicando por cinco y pico justo en el momento que el mesero te mira con cara de «tengo más clientes, sabes?» (el cambio rondaba los 5,25 lei por euro, para situarte).

Peeeero, si eliges euros, la conversión la hace el datáfono al tipo de cambio que decida su banco; si eliges lei, la hacen Visa o Mastercard a un tipo casi de mercado, más lo que añada tu banco según qué tarjeta tengas.

Traducción de bolsillo: el botón de los euros lleva un cambista, un broker, escondido dentro del datáfono, y cobra como cambista. En los papeles esto se llama conversión dinámica de divisa (DCC, por sus siglas en inglés), por si te lo encuentras escrito.

Cuánto cobra el botoncito

Por suerte está estudiadísimo, el recargo medio ronda el 7,6%, con casos que pasan del 10. En una cena de 250 lei, que son unos 48 €, el botoncito de marras se lleva unos 3 o 4 euros. Poca cosa, dirás, tampoco vamos a ir mirando al céntimo en unas vacaciones… Estíralo a un viaje de 3.000 € pagado así, y son más de doscientos euros que se quedan por el camino. Tú sabes cuántos Calippo te puedes comprar con ese dinero?

Espérate, que luego viene la del cajero: sacas efectivo y la pantalla te ofrece hacerlo con conversión o sin conversión (a mí me salió en rumano, cu conversie o fără conversie, para más mareo). Sin conversión, siempre.

Por qué caemos casi todos

Porque la moneda rara da miedito y el número en euros abraza, se siente casa. Y este es el chanchullo veraniego: el datáfono cuenta con tu desconfianza. Nadie te engaña del todo porque la opción buena siempre está ahí, pero le meten comisiones a no tener que pensar, y se lo pagamos casi todos, casi siempre.

Lo que hago yo, por si te sirve: una tarjeta de las que no cobran por el cambio de divisa para casi todo (las hay de bancos móviles y de alguno normal, eso lo tienes ya preparado de casa), y algo de efectivo en moneda local para mercadillos y sitios pequeños, sacado sin conversión de un cajero de banco. Primera y única regla: siempre en moneda local. En el datáfono y en el cajero, en Rumanía y en Japón.

La próxima vez que un datáfono me haga la pregunta, me pienso dar el gustazo y los tres euros que no regalaré, me los como de postre, que allí los dulces se llaman papanași y, dicen, lo valen.

Quieres aplicarlo a tu situación?

Me cuentas qué te pasa y vemos si te puedo ayudar. Si no, te lo digo.

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