Empezar mi sueño (así lo he hecho yo)

IMPORTANTE: Esta entrada pertenece a mis inicios cuando explicaba cómo hice para ayudar a emprendedores a crear su negocio online relatando cómo lo hacía yo. Ahora no está alineada con el objetivo de esta página pero quise mantenerla porque incluye contenido de calidad que puede que te ayude en algo.

Después de un año de continuos cambios, idas y venidas, y ni un día de vacaciones, unos momentos de desconexión no me vendrán mal.

Y sé que me pasará lo de siempre: no hay manera de que esté unas cuantas horas “sin hacer nada” y ya esté pensando qué será lo siguiente. Pero lo siguiente ya existe, y estoy al 100% con ello, lo vas a leer.

Lo único importante es comenzar

Hace mucho tiempo que vengo leyendo todo tipo de artículos y libros sobre el emprendimiento, y que si lo mejor es planificar durante eones el lanzamiento, de que si las redes sociales son muy importantes para posicionar el valor de tu marca… y te voy a decir una cosa: tienen razón. La experiencia acumulada por parte de los marketinianos y los resultados obtenidos hacen decantar la balanza a su favor. Pero todo eso no me importa demasiado en estos momentos, ¿y sabes porqué?

Porque no funciona en mi caso.

Ni un poquito.

Hace cosa de un año y medio que voy analizando cuál es el mejor momento y la mejor manera para lanzar mi proyecto en internet, y hasta que no he dicho “hasta aquí hemos llegado” no se ha visto materializado. No voy a negar que todo el aprendizaje me será útil en algún momento, posiblemente antes de que me de cuenta, pero eso también lo podría haber aprendido durante la marcha.

Así que mi consejo es que te lances.

Sea lo que sea que estés pensando emprender, lánzalo de una puñetera vez. “Mejor hecho que perfecto”, es uno de mis mantras actuales que seguramente ya habías oído en algún momento.

¡Deja de procastinarlo! ¿Qué es lo peor que puede pasar, que salga mal y tengas que empezar de nuevo? Si me caigo 7 veces, me levanto 8.

El primer paso nunca es firme

Y entiendo perfectamente los miedos que se tienen al principio al comenzar cualquier cosa o al tomar decisiones importantes en la vida, porque yo los he pasado en mis propias carnes, pero forma parte del proceso de aprendizaje, y mucho me temo que no se puede saltar cual cinemática en un videojuego.

Me imagino a un bebé de 1 añito que gatea, y que no quisiera ponerse en pie por si se cae… ¿tendría alguna posibilidad de caminar en un futuro cercano? Por supuesto que no. Los primeros pasos serán… bueno, ya sabes como son: titubeantes, en falso y desafiantes al máximo. ¡Pero escucha, al final camina perfectamente!

Así es como nos hace la naturaleza, aventureros, descubridores natos, con hambre de conocimiento y mejora constante, no lo olvides nunca.

Si algo estoy aprendiendo a la hora de emprender es que la estructura siempre se tambalea; fíjala siguiendo siempre el objetivo que te has marcado: a rajatabla.

Es mejor pedir perdón, que pedir permiso

“Las personas que me importan no entienden mi sueño”

Pues es lo que hay. Normalmente cuando decides hacer algo fuera de lo normal, lo que nunca faltan son aguafiestas. Pero eso es algo que han sufrido las personas que más han aportado en la historia de la humanidad: incomprendidos, inadaptados y rechazados de sus círculos más cercanos.

Al final pueden pasar dos cosas:

  • Que tengan razón: en ese caso te disculpas, les agradeces su intención de ayudarte y les dices que estaban en lo cierto.
  • Que no la tengan: les enseñas como el esfuerzo y tu visión han hecho de ti una persona exitosa, y les animas a seguir el mismo camino.

De ambas formas fomentas la relación y la fortaleces ganando confianza.

Un win-win como dirían los anglosajones.

Es muy bueno pedir la opinión de aquellos en los que confías, pero acuérdate de que un consejo es una opción, no una obligación. Quien te lo dé también debería entender esto.

Miedos tenemos todos

Has decidido irte a vivir a otro país, empezar en otro trabajo, emprender en solitario, vivir viajando, casarte con la persona que amas, tener tu primer hijo…

Sea como sea, son decisiones difíciles que cuestan mucho de tomar y que en infinidad de ocasiones acabas postergando ad eternum, con la consiguiente frustración cada vez que piensas en ello.

Y es que tienes miedo.

Miedo al qué dirán, miedo a no ser capaz, miedo al fracaso.

Y pones excusas. Cada vez más y más rebuscadas, porque las iniciales ya no te sirven.

Que si no tengo el tiempo suficiente, que si debe estar perfecto como a mi me gusta, que si no estoy seguro de qué pasará… te lo digo así porque ya he pasado por todo esto. Y son estupideces, así de claro.

Además, ¡el miedo a lo desconocido es algo intrínseco al emprendimiento! Y sino que se lo dijeran a Colón cuando estaba por partir hacia las Indias, a ver si tenía miedo o no… fijo que las tuvo que pasar canutas el tipo.

Supéralo como yo lo he hecho, y decídete.

La perfección no existe

Siempre que no hablemos de un Ferrari claro. Incluso si ese fuera el caso, también los de Maranello no dejan de mejorar sus bólidos año tras año.

Al igual que cualquier compañía exitosa, yo sigo en todo lo que emprendo el método lean: sácalo en el mínimo estado viable y luego ve mejorándolo con el feedback que vayas obteniendo.

En el caso de un blog sería: contratar el mejor hosting que necesites, montar el esqueleto con WordPress y Genesis, una plantilla de calidad y a escribir. Si no sabes de lo que te hablo, otro día te lo cuento en profundidad, que me he hecho experto en esto 🙂

Tres, dos, uno… ya

¿A qué esperas? ¿Quieres parecerte al antiguo yo y retrasar (o abandonar) tu idea indefinidamente?

Me lo dije a mi hace un tiempo y te lo digo ahora a ti, cada vez que dices “mañana empiezo” en vez de “hoy empiezo” estás dejando escapar ese tren que está parado en la estación. Mañana se habrá marchado y un día dejarás de ver uno en el andén… y te arrepentirás.

Venga, haz como he hecho yo, pon la primera piedra de tu emprendimiento y enciende el motor.

Verás que bien suena.

Y lo mucho que te gusta.

¡Es adictivo!