Encuentra 15 o 20 horas a la semana para tu proyecto, o déjalo

IMPORTANTE: Esta entrada pertenece a mis inicios cuando explicaba cómo hice para ayudar a emprendedores a crear su negocio online relatando cómo lo hacía yo. Ahora no está alineada con el objetivo de esta página pero quise mantenerla porque incluye contenido de calidad que puede que te ayude en algo.

Cuando los días son fríos y oscuros, todo cuesta más, incluso levantarse de la cama parece el ejercicio más voluntarioso del mundo. Y que me lo digan a mí que me levanto cada día a las 6 de la mañana

Pero algo hay que nos hace ese clic en la cabeza y ponemos un pie en el suelo para empezar un nuevo día: ese algo puede ser poco motivante como ir a ese trabajo que tanto aborreces pero que te da de comer, o también es posible que te levantes ya motivado por el nuevo proyecto que tienes en ciernes o que vas a empezar.

¿Sabes qué? Tú tienes el poder de elegirlo.

La mayoría de personas ni se lo plantean. Pasan la vida contando los días que faltan para irse de vacaciones, u ordenan su mente pensando en tiempo negativo: ya solo quedan 2 días para el fin de semana…

Dicen que los objetivos o las metas se valoran por el camino que llevó a conseguirlos y no tanto por el premio que obtienes al terminar. ¿Por qué querrías ponerle piedras constantemente si lo que quieres es llegar cuanto antes?

Déjate llevar, aparta de tu mente aquello que pueda ser un obstáculo y enfócate en aquello por lo que te levantas a diario.

Tu proyecto.

Eres un emprendedor, emprende

Ya lo has decidido, ya has dado ese primer paso. Si pestañeas… te lo pierdes.

Ahora no puedes desviarte ni un poquito, el enfoque debe ser tan claro que puedas notar en tu piel cómo los pelos se te erizan cada vez que tienes una nueva idea.

Por eso si debes hacer algo, hazlo. Es así de sencillo, y así de difícil a veces. ¡Qué digo, a menudo! No estás acostumbrado a este nivel de esfuerzo y cualquier cosa que se te pasa por la cabeza no hace más que distraerte.

Pero estás aquí para emprender. Tu proyecto es la vía de escape hacia tu futuro, y no lo vas a dejar escapar.

El otro día me escribieron un mensaje diciéndome que cómo hacía para estar tan motivado y enfocado. Mi respuesta fue muy simple: no tengo otra opción, así que ni me lo planteo.

¿Tú harías algo importante en la vida sin estar al 100% en ello?

Ni pensarlo. Nop. Nein. Niente.

El decálogo imprescindible para la moral del emprendedor

Quiero dejarte algunos consejos que aplico para mi mismo a diario; no dejes de revisarlos de vez en cuando para estar seguro de que tu moral está por las nubes:

  • Nunca dudes de ti mismo, suficiente tienes con las reticencias que tienen los demás sobre lo que estás haciendo
  • Aplica la técnica del martillo: ahora golpea, luego también, y luego otra, y luego otra…
  • Si hoy cuesta, mañana costará más: No aplaces tus tareas por pereza, porque nunca las harás
  • Nada es gratuito: todo lo que vivas en el día afectará a tu moral, positiva o negativamente
  • Una montaña rusa de emociones te invade constantemente: aprende a vivir con ella
  • Rodéate siempre de las personas que sepas que te aportan algo en tu vida
  • Aprende a pensar en el mañana: hoy dejarás de hacer cosas divertidísimas para poder hacer el doble el día de mañana
  • Haz ejercicio: físicamente necesitas estímulos, y aunque el cerebro no sea un músculo, si es un órgano que aprovecha las bondades del ejercicio
  • Balancea: si te quemas, perderás la motivación y las ganas
  • Nunca te rindas; pero si lo vas a hacer, hazlo ya. Lee más abajo

Si vas a fracasar, hazlo pronto

No todo el mundo está hecho para ser un líder en su vida. Cada vez más a menudo escuchamos que el statu quo de la educación y el sistema están montados para seguir unas pautas muy marcadas, y sentir nuestra libertad… cuando nos dejan.

El momento en el que montas un proyecto nuevo debe ser ilusionante, cargado de emociones y fantasías posiblemente irrealizables. Pero por si en algún caso ya tienes dudas o sientes ese deseo de posponer tus tareas porque te da pereza… sobreponte o déjalo.

¡No hay nada malo en fracasar!

Estamos acostumbrados a estigmatizar al que fracasa en un emprendimiento, y no nos damos cuenta de que el fracaso es positivo a nivel de aprendizaje, y un paso valiosísimo para poder avanzar en la vida.

No dudo que fracasar pueda ser doloroso, porque el resultado precisamente no es el que se esperaba, pero si eres capaz de entender cuales son tus fallos y limitaciones personales en ese momento, tu vida acaba de enriquecerse.

¿Qué prefieres, intentarlo y fracasar, o nunca haberlo intentado?

Así que al próximo que te llame fracasado le dices: ¡y a mucha honra!

Y a por el próximo proyecto.

Si quieres conseguirlo es una cuestión de impactos

Si por el contrario has decidido que no, que de fracasar nada, que tu vas con todo y con todos… permíteme un consejo: la euforia del principio desaparecerá en cuanto a magnitud y vigor.

Por eso es TAN importante repetirte a ti mismo que lo vas a conseguir.

¡Bang! ¡bang! ¡bang! Impactos de balas de moral positiva atravesándote el pecho.

¡Bang! Y otra.

De eso se trata. Alimentar tu subconsciente de pensamientos positivos continuamente para no tener siquiera la posibilidad de tropezar.

Estás en la cresta de la ola y lo sabes. Aprovéchalo y surfea lo máximo que puedas.

La historia del maestro

Hay muchas versiones de esta historia, pero el trasfondo es el mismo, así que yo te la voy a contar a mi manera.

Era un hombre que no estaba contento con la vida que llevaba y decidió que quería emprender un nuevo proyecto para conseguir mayor libertad y sentirse en control de su propia vida, pero no veía cómo conseguir el empujón definitivo ya que por más que lo intentaba siempre encontraba algo más llamativo que hacer.

El caso es que decidió ponerse en contacto con un señor que se dedicaba a potenciar la mentalidad positiva. De reputación intachable, se decía que había conseguido resultados asombrosos: el 100% de sus “alumnos” salían exitosos tras la primera sesión.

Él pensó: “¿Y por qué no?” Y se puso en contacto con el maestro con una llamada breve e inquietante, de la que el resultado fue que debían verse en una playa muy cercana de su casa a las 4 AM.

“¡¿A las 4 de la madrugada?! ¿Pero qué querrá este hombre que me hace levantarme tan temprano?”

Pero se convenció de hacerlo. ¿Y si era tan bueno como decían?

Y al día siguiente allí estaba él, vestido de punta en blanco, con su americana impoluta y los zapatos lustrados al máximo. Una única oportunidad con aquel hombre no iba a arruinarla porque su vestimenta no fuera la adecuada…

Llegó un poco antes por si acaso, y esperó unos minutos… hasta que se presentó el maestro.

Llegó vestido de chandal, con sandalias marrones y gafas de sol estilo años 60.

Él pensó que era una burla, una desfachatez tal que casi ni se lo pensó, decidido a marcharse en ese mismo momento.

Casi.

Ese casi que hizo que el maestro le saludara y le dijera: “Acompáñame”. Y empezó a caminar hacia el mar.

Eso le descolocó. ¿Qué quería aquel hombre de aspecto extraño y con aires de grandeza?

Y ahí vino la locura. Sin saber qué demonios se le pasó por la cabeza, comenzó a andar en la misma dirección que el maestro. Y se metieron en el mar. Si si, uno de chandal y el otro de traje. El agua estaba helada.

Cuando les cubría por la cintura, su cerebro le alertó: ¿Qué estaba haciendo? “Esto es un sinsentido, yo me voy”, dijo. A lo que el maestro le respondió: “¿Has llegado hasta aquí y ahora te rindes?”.

Zas. Esa frase se le hincó en el corazón como si de una daga se tratara. Él estaba allí para saber el secreto del éxito, y no iba a perder la oportunidad.

Y siguió.

Ya apenas podían seguir más. El agua les llegaba por la barbilla y pronto no tocarían con los pies. Y siguieron un poco más. Ya casi había que nadar… y entonces ocurrió.

El maestro hizo un gesto y de pronto se puso casi encima de él. ¡Blop! le hundió en el mar, sin posibilidad de escabullirse. El maestro parecía de mayor edad que él, pero sin duda tenía muchísima fuerza.

Y pasaban los segundos. Al principio parecía un juego, pero cuando el oxígeno dejaba de entrar y los indicios de ahogo se hacían más palpables, ya no tenía gracia alguna. Los pataleos y aspavientos no surgían ningún efecto en el maestro, estaba decidido a ahogarlo.

Cuando ya el desmayo parecía inminente… le soltó. La bocanada de aire que tomó fue antológica. Rápidamente comenzó a nadar hacia la orilla para alejarse lo más posible de aquél hombre.

Cuando llegó se quedó de rodillas en la arena, tosiendo y jadeando, y al llegar el maestro le gritó: “¿Pero está usted loco? ¡Casi me mata!”

El maestro le miró fijamente, le levantó de la arena y le dijo:

“He visto como luchabas por tu vida con uñas y dientes. Y tranquilo, no iba a dejar que murieras. Pero acabas de experimentar una sensación física del máximo deseo: poder respirar. Cuando luches por tu proyecto tanto como has deseado respirar hace unos momentos, sabrás que ese es el camino del éxito.”

No te ahogues; lucha por respirar en cada momento.

Nunca da tiempo, pero sí hay tiempo

La vida nos lleva de la mano. El trabajo, la familia, los amigos, los viajes, la vivienda, los imprevistos, las leyes… Si el día tuviera 48 horas, las llenaríamos.

Pero todo es cuestión de prioridades.

Cuando decides emprender algo, debes hacerle cabida. Y está demostrado que por mucho que te esfuerces el tiempo no se puede alargar, es como es. Así que deberás hacer sacrificios.

Yo he optado por no dormir 10 horas. Y no ver la televisión (no tenemos ni la antena conectada). Y reducir el irme a tomar una caña con los colegas del trabajo…

El que algo quiere, algo le cuesta.

Por eso te digo lo mismo que al principio:

“Encuentra 15 o 20 horas semanales para tu proyecto”.

Con menos no irás a ningún lado, y más ya sería genial.

Y ahora te pregunto a ti…

¿Quieres triunfar con lo que sea que te hayas propuesto? ¿Quieres conseguir esa libertad de la que tanto hablo? ¿Ya has renunciado a lo superfluo en favor de tu sueño?