Las razones por las que ya no debemos trabajar hasta los 67 años

IMPORTANTE: Esta entrada pertenece a un emprendimiento pasado con el que intenté crear una comunidad financiera alrededor de la jubilación temprana y la gestión de finanzas personales. Ahora la guardo porque creo que puede incluir contenido de calidad que te ayude en la vida.

Si preguntara a cada uno de vosotros si quiere trabajar en el sitio que está ahora hasta ser viejo o retirarse antes, estoy seguro que más del 90% elegiría la segunda opción. Y yo me pregunto… ¿Por qué no lo haces entonces? ¿A qué tienes miedo?

Eso mismo me dije yo un día allá por el 2006 cuando trabajaba en un geriátrico. Claro está que no iba a quemar los barcos sin pensar primero cómo iba a hacerlo… así que me tocó indagar mucho sobre las personas que ya lo habían conseguido, leer decenas de libros y trazar un plan de ahorro e inversión.

Y todo esto surgió de esa misma pregunta: ¿tendré que verme obligado a trabajar los próximos 40 años? ¿Y luego no seré demasiado viejo para disfrutar de la vida? Qué preguntas… Por ponerte en contexto, justo en ese momento mi abuelo sufría de una enfermedad mental degenerativa que lo llevaría a la muerte sin recordar siquiera quién era su esposa o sus hijas.

A causa de todo ello quiero exponerte las razones que me llevaron a empezar este viaje hacia la jubilación temprana que está cercano a culminarse. Ojalá te ayude a ti también si estás pensando en ello…

1 – La jubilación es algo bastante moderno

Si bien es cierto que ya en la época de los romanos existía algo así como una jubilación para los soldados que hubieran estado 25 años en el servicio (si sobrevivían, ja), la Seguridad Social y el pago en la vejez lo tenemos que ir a buscar a inicios del siglo XX. En realidad si te fijas no hace tanto…

Nos parece que siempre ha estado ahí pero nada más lejos de la realidad. Adivina cómo se vivía antes… Exacto, se guardaba lo que fuera necesario para cuando vinieran las vacas flacas. Dicho de otro modo: se ahorraba para cuando ya no pudieras/quisieras tener ingresos.

Pero llegó el día en el que el cambio surgió… así como siempre surgieron las cosas en los siglos XIX y XX: la modernidad, el progreso, las fábricas y los deseos nos han llevado a prácticas y decisiones que coartan la libertad, aunque nos lo vendan siempre en cajita y lazo de regalo.

Y llegamos al siglo XXI donde por mucho que roguemos nos vamos a dar de bruces con la realidad, que no es otra que estados endeudados muy por encima de sus posibilidades y que no tienen escapatoria. O mejor dicho, no TENEMOS escapatoria.

2 – Las mansiones y los cochazos de lujo se los dejo a otro

La vida es mucho más sencilla de lo que pensamos, y encima se acaba. Ahora me estaba acordando de un chico que conocí en Madrid cuando viví por allí un tiempo que su máxima en la vida era aparentar tener dinero. Así, sin más. Pobre infeliz… porque por supuesto no disponía de millones en el banco ya que todo lo que ganaba se lo gastaba en aparentar… qué le vamos a hacer si él se conformaba con eso, ¿no?

Pero no es mi caso. Ya puedes intuir que mi forma de pensar es completamente antagónica: la felicidad plena posiblemente no exista, o no lleguemos nunca a alcanzarla, pero estoy seguro que no pasa por comprarse un Ferrari.

La frugalidad, definida por mi como vivir con lo que se necesita y no mucho más, es la mejor forma de encarar la vida. O más bien es la única forma que existe que no te obliga a hacer cosas estúpidas de las que luego te arrepentirás. Combinada con el minimalismo por supuesto, pero eso es ya tema para otro día.

3 – Quiero tiempo libre AHORA, no en 30 años

Ahora es cuando puedo disfrutar de mi bebé (que cumplió un añito hace nada), ahora es cuando tengo energía para ir al gimnasio, escalar una montaña o prepararme para una maratón, ahora es cuando puedo aprender un nuevo idioma a mi ritmo… el momento es AHORA, no cuando tenga 67 años o más.

Los años no vuelven. Pero lo que sí ocurre es que cada vez soy más viejo.

No hay manera de que te cuides física y mentalmente con un trabajo de 8 (o 9, o 10) horas diarias, 48 o 50 semanas al año, por 45 años. Imposible. ¿No tiene sentido esforzarte para que esos 45 años se transformen en 20? De nuevo una pregunta al aire… para mí sí vale la pena.

No sé si habrás leído el libro Los cinco mayores arrepentimientos de los que van a morir (Top 5 Regrets of the Dying) pero si no es así te lo recomiendo. Básicamente viene a decir que la gente, al final de sus días, de lo que principalmente se arrepiente es de haber vivido la vida que otros querían para ellos, de haber trabajado demasiado y vivido poco, y de que ojalá se hubieran permitido ser más felices.

Yo no quiero ser uno de ellos. Y ojalá tú tampoco.

4 – Quiero ser yo quien decida sobre el mañana

Habitualmente no decidimos mucho sobre nuestra vida. Quizás sí sobre la ropa que llevamos, o lo que vamos a comer (y ni eso a veces) pero por lo menos en mi caso quien decide a qué hora me voy a levantar es mi curro. Porque él hace mi horario laboral. Pero es que también mi trabajo es quien manda en la hora de la comida, unas veces antes y otras después dependiendo de cuánto deba resolver. Y también se atreve a controlar cuándo voy a ver a mi familia, porque en ocasiones debo dedicarle más tiempo del que debo…

Lo vi claro a los 25, no iba a vivir de esa manera 40 años más.

La alternativa es elegir a qué dedicar tu vida y quizá invertir en pasiones que te hagan sentir bien.

Qué se yo, ya te lo contaré cuando llegue.

Lo que sí tengo claro es que ELEGIR LIBREMENTE es mejor que no poder elegir.

Y estas solo son 4 razones de las mil que podría tener, pero quizá sean las que más peso tuvieron cuando decidí lanzarme a esta aventura. Si son suficientes para ti o no sólo hay una persona que puede juzgarlo…

Piénsalo y me cuentas.