Nunca compro lo más caro (excepto si es lo adecuado)

IMPORTANTE: Esta entrada pertenece a un emprendimiento pasado con el que intenté crear una comunidad financiera alrededor de la jubilación temprana y la gestión de finanzas personales. Ahora la guardo porque creo que puede incluir contenido de calidad que te ayude en la vida.

Me he dado cuenta de que para conseguir lo que quiero en la sociedad que nos ha tocado vivir no me queda otra que comprarlo: generalmente con dinero, pero en otras ocasiones es con tiempo… aunque el precio que pagaré dependerá mucho del valor que quiera darle.

Lo que me planteo habitualmente es, ¿sé cuánto me cuesta realmente?

Recuerdo cuando aún estaba muy acostumbrado a mirar solo el precio de la etiqueta.

A solo hacer sumas y restas. A creer que todo estaba en venta y si económicamente me lo podía permitir ya era suficiente…

Pero con el tiempo (y la madurez diría yo) me di cuenta de que en realidad existen muchos más componentes en la ecuación, nada tiene el precio que a primera vista me mostraban.

Y todo era más caro de lo que pensaba.

Deja que te introduzca un par de conceptos antes de decirte como lo veo a día de hoy:

I. El coste de oportunidad

En el momento que decidía comprar algo por lo que había ahorrado, o me decidía por ir a algún lado… en ese momento estaba tomando más de una decisión.

Quizá decenas.

Primer aprendizaje: cada vez que tomas la decisión de hacer algo en concreto dejas de hacer otras muchas cosas más.
Incluso si piensas no hacer nada ya has decidido NO hacer lo demás.

Esto te ayudará a entender la base de la frugalidad (vaya palabro). Si naciste en una familia rica quizá no entiendas el concepto, pero si eres como la mayoría de la sociedad lo comprenderás al momento:

Si hay dinero para algo, puede ser que no lo haya para lo demás.

Eso me lo he repetido yo millones de veces en la vida…

  • Si me compro ese sobre de cromos no tendré para chucherías.
  • Si me compro una hamburguesa no tendré para la entrada del cine.
  • Si hoy viernes me tomo 4 copas en la discoteca, mañana no podré tomarme ninguna.
  • Si me compro una casa no podré moverme geográficamente.

Doy por hecho que te habrá pasado, es ley de vida.

II. La relación costo/beneficio

Hay muchas veces que compras (obtienes) artículos que deseas en ese momento y que pasado un tiempo te deshaces de ello.

Me acuerdo ahora de cuando compré una cámara de vídeo allá por el principio de la década de los 2000, una bellísima Panasonic que grababa a 1080i30 y tenía un disco duro de 120GB.

Creo que me costó como 1200 euros (de aquél entonces) porque se suponía que yo iba a ser un gran profesional de la imagen en movimiento… iba a grabar más, y mejor, que el propio Amenábar fíjate tú.

Cuatro veces salió de su estuche.

La malvendí para quitármela de encima por 60 euros en 2016 al irme a vivir a México.

Qué desastre.

Pero quizá es el mejor ejemplo que puedo darte de aquellas cosas que su costo es desorbitado para el beneficio que luego le vas a sacar.

Segundo aprendizaje: antes de comprar cualquier cosa, asegúrate de que su precio tenga implícito una buena relación costo/beneficio, o te arrepentirás.

Pero esto no significa que haya que comprar lo más barato posible…

¿Cuantas veces te has encontrado comprando algo de calidad dudosa (pero barato) que al segundo uso se rompe y deja de funcionar?

A mí unas cuantas también 🙂

En ese caso la relación costo/beneficio para nada es mejor. Te va a tocar comprarlo de nuevo, esta vez de mejor calidad y te costará más que si lo hubieras hecho desde un principio.

Por qué CASI nunca compro lo más caro

Teniendo ya claros los conceptos de coste de oportunidad y la relación coste/beneficio ya puedes imaginar por qué no compro lo más caro, quizá porque en el 90% de los casos no lo vale.

Creo que estoy preparado para explicarte como tomo mis decisiones de compra y espero que las tuyas sean parecidas o por lo menos te dé alguna idea para implementar… si no es así, o no estás de acuerdo en nada dímelo en los comentarios y abrimos un debate.

Vamos allá.

Cuando voy a comprar algo debe cumplir estos cinco puntos:

1. El aporte sea mayor al desembolso (el beneficio es lo más importante)

Que esa relación coste/beneficio esté muy inclinada hacia el beneficio.

No me sirve que esté pareja y que esté medio bien. Debe ser algo que me aporte tanto que su precio sea irrisorio.

Por ejemplo:

Unas buenas zapatillas (tenis). Durante los últimos años paso muchas horas de pie cada día, por lo que un buen sustento plantar es vital para mi salud.

Las busco cómodas, específicamente de la marca Nike que siempre me han dado un excelente resultado (ya he probado otras cuatro o cinco marcas) y que su precio sea contenido.

Creo que las últimas me costaron al cambio unos 60 euros, tienen un año, las uso a diario y están impecables por dentro y por fuera.

2. No sea una compra compulsiva

Cada cierto tiempo se pone de moda algún artículo u objeto que mueve a las masas.

Para mí, que no soy yo muy mainstream con esas cosas, no tiene mucho sentido seguir las modas pasajeras… quizá por ello sigo confiando en la mochila que tengo desde hace 8 años, o en el modelo de jeans que siempre he comprado.

Tampoco caigo en tentaciones tipo pasar por delante de una heladería y al sentir el deseo comprarme un cono con dos bolas. Procuro pensar que soy capaz de aguantar la tentación y me doy tiempo para decidir si es algo que deseo de verdad o es simplemente algo pasajero.

Si al final concluyo que sí me aporta lo suficiente, voy y lo compro.

Y lo disfruto; pues es una compra racional, no compulsiva. Y está buenísimo 🙂

3. Esté dentro del plan (EL PLAN™)

Mi vida está marcada por un plan. Éste va cambiando a la vez que yo mismo cambio, y se va adaptando a las eventualidades que van surgiendo.

Espera. No te equivoques. No es que esté todo escrito, pero sí me gusta pensar en cómo será mi futuro y dar pasos para llegar hasta el.

Por lo tanto, una compra que no me acerque a mi objetivo es digna de ser repensada.

Te voy a poner un ejemplo personal:

Nunca he tenido un coche en propiedad. Por circunstancias de la vida no tuve que tomar esa decisión de compra hasta hace unos años donde me planteé adquirir uno: un gasto enorme, se devalúa nada más sacarlo del concesionario y suma todos los gastos asociados a éste.

Pero lo que me hizo decidir que no era el momento fue que quería cambiar de país en uno o dos años desde entonces.

Digo yo: ¿Tendría sentido hacer ese desembolso sabiendo que chocaba frontalmente con mi plan de vida?

Pues no. Y menos mal, porque al final resulta que me fui a vivir a diez mil kilómetros de mi casa, así que imagina dónde se hubiera quedado el coche…

4. Me lo pueda permitir sin ponerme en riesgo

No tengo deudas. Ni buenas ni malas.

Lo que sí tengo son ahorros e inversiones.

A veces cuando hay que tomar una decisión, sobretodo si es algo muy significativo para tu vida como comprar una casa o emigrar a otro país, es importante pensar en los riesgos que esto te supone.

Si hablo de los riesgos económicos tengo que volver a referirme al coste de oportunidad. Por ejemplo con el tema de comprar una casa:

  • Tendré un hogar de mi propiedad, posiblemente de mi gusto y con suerte con unos vecinos amigables. Los precios de los alquileres son altos y es como una hipoteca. Además cumplo con el estereotipo y todos contentos.
  • Estoy atado por ¿30? años a la deuda hipotecaria. Me encomiendo a lo que pase en el país o lo que decida el gobierno de turno que puede tomar decisiones sobre mi vivienda. Además me quita libertad de desplazamiento y por tanto de decisión a futuro.

Esto por supuesto es un ejemplo, pero en mi caso comprar una vivienda en su momento hubiera sido un alto riesgo de oportunidad por el que no quise pasar.

Ya sabes, si estás o no de acuerdo exprésate en los comentarios para dar tu punto de vista.

5. Me apetezca

En la vida no dejan de presentarse buenas oportunidades… Recuerdo en 2018 justo en medio de la era Trump y su inteligente guerra comercial con China, que estaba mirando empresas en las que invertir y pude observar como las tres tabacaleras más importantes del mundo estaban muy castigadas en bolsa (por otros motivos, pero eso lo dejo para otro día).

Estuve cerca de tres meses mirando sus resultados, estudiando el futuro que creía que podían tener y todo cuadraba. Daba igual cuál analizara, los números eran buenos y tenían buena pinta.

Pero nunca compré.

Me di cuenta que no me apetece tener en cartera una empresa tabacalera. Choca frontalmente con mis valores esenciales y me haría sentir mal cada vez que la mirara.

Por supuesto en el siguiente año subieron una media del 60% su valoración bursátil, pero la sensación de haber tomado una decisión reflexiva me hace sentir igual de bien.

Ya vendrá otra buena oportunidad.

Aunque a veces lo más caro, compensa

¿Te has fijado que dije que CASI nunca compro lo más caro?

En alguna ocasión yo mismo dejo de lado los cinco puntos de decisión de compra y voy a lo seguro, porque compensa y con creces.

Me gustaría darte un ejemplo actual:

Hace un par de meses compré el último smartphone de Apple: un iPhone 11 Pro Max.

Estoy seguro de que con cualquier otro smartphone sería capaz de hacer el 99% de las cosas para mi uso diario, pero tiene un factor diferencial: la cámara de vídeo.

Poder grabar en 4K60fps en todo momento con una cámara siempre en el bolsillo es un no-brainer.

¿Y por qué es tan importante para mí grabar vídeo?

Porque en el momento de escribir esta entrada tengo una bebé de poco más de un año, la mejor inversión que haya hecho jamás. Y en mi afán de conservar las cosas más valiosas de la vida, quiero que nuestros recuerdos de familia queden grabados con la mejor calidad posible del momento.

Y si el precio está dentro de unos estándares, éste pasa a un segundo plano.

Espero que compartir mi filosofía por lo menos te haga reflexionar.